martes 16 de julio de 2024 - Edición Nº2050

Info Gral | 28 jun 2024

OPINIÓN

Cortesanos del poder

Cuando la mentira se pone de moda, la verdad comienza a ser sospechosa


Por: Héctor Ponce

A la gente de a pie, a los pobres, algunos gobiernos, como las religiones, suelen decirles que tengan esperanza y fe, que deben esperar. Tal vez en cuestiones religiosas tal pedido se justifique porque es el sustento que las sostiene, pero los gobiernos gobiernan a través de las decisiones que toman y de las normativas legales que ponen en práctica y ejecutan, no es una cuestión de fe. Se gobierna incluso para los ateos.

Si usted es administrador de un país sobreabundante en producción de alimentos y paradójicamente tiene gente que está pasando hambre algo anda mal, hay algo que no funciona. ¿Es tan difícil concluir en que en este país hay una brutal concentración de la riqueza?

La solución para lograr una nación más justa y equitativa si es que efectiva y verdaderamente esto se quisiera lograr, es mucho más simple de lo que desde los gobiernos a través de sus pulpos comunicacionales nos quieren hacer creer. Como en todo país decente los que más tienen deberían aportar más, de forma tal que la distribución sea más equitativa. Tan simple como eso. Repartir los panes.

Quizás parte de la solución pasaría por exigirle a cada candidato como condición sine qua non, que para acceder a esos cargos tan codiciados los mismos tengan que hacer una pasantía previa de idéntica cantidad de tiempo al período de duración del puesto al que aspiran arribar en lugares como El Impenetrable o en barrios carenciados y marginales, para que tomen contacto con la realidad, caso contrario esto seguirá pasando, gane quien gane como viene ocurriendo desde hace centurias en América Latina…”Cinco siglos igual”.

Grandes embusteros

Si hay una virtud que tiene el poder es que cuenta en sus filas con grandes macaneadores que tergiversan la realidad, siendo estas macanas proporcionales al credulismo estúpido e irracional del “medio pelo” argentino, tal como diría don Arturo Jauretche. Y sabido es que cuando la mentira se pone de moda, la verdad comienza a ser sospechosa.

Uno de los bolazos que el poder económico jugando por derecha echó a rodar y la feligresía colonizada repite es: Hay que pagar la fiesta. ¿Qué fiesta? Salvo que se refieran a la fiesta donde siempre vienen participando los mismos pocos comensales y a la que el pueblo jamás ha sido invitado. Salvo esa fiesta propiciada para el selecto grupúsculo de siempre, otra fiesta no hubo.

Pero hay más, tanto le quemó la cabeza el poder de la derecha a una gran parte de la población que resulta que ahora que “estamos bien”, la gente tiene que salir de apuro a vender los dólares que ahorraron cuando “andaban mal”. ¿Qué loco no?

Las falsas consignas se multiplican, el poder arremete porque se dio cuenta que tira bochazos y la gilada las adopta como verdades irrefutables. El poder dice: el libre mercado, sin injerencia del estado, precede las políticas de los países modernos y desarrollados del mundo.

¡Tomá para vos! Para meterles un cajón de limones a los primos del norte tuvimos que hacer “vaquitas con San Antonio”. Tratá de venderles productos con valor agregado a los chinos o a alguna de las naciones que se encuentra dentro de la órbita de la Comunidad Europea y me contás como te va. Quedate tranquilo que si hay gobiernos que se inmiscuyen y protegen sus intereses esos son precisamente los gobiernos de estados desarrollados y modernos.

Otra consigna que profieren a los cuatro vientos dice: hay que achicar el estado, vamos a privatizar las empresas estatales porque son altamente deficitarias. ¿Cómo? Si son deficitarias no debería haber oferentes que quisieran quedarse con esos activos. ¿Cómo alguien va a querer comprar algo que da pérdidas? Quizás lo que se quiere decir es que son deficitarias en manos del estado.

Pero si vos te jactás de ser como gobierno muy buen administrador. ¿Por qué no hacés uso de esos atributos que decís poseer? Hacés que esas empresas comiencen a ser rentables de forma tal que las ganancias que le quedarían al estado sean utilizadas para menguar los problemas socio económicos de la población. ¿Se entiende?

Salvo para aquellas y aquellos que no quieran ver la realidad que le cuentan sus propios ojos, sino lo que le transmiten los pastores de turno a través de la TV o de las redes sociales, ninguna de las consignas que se esbozan parecieran tener fundamentos sólidos que las hagan creíbles.

Y siguen las macanas

El poder en nuestro país dice: ningún gobierno de un estado desarrollado y moderno tiene injerencia ni participa de las actividades comerciales que se generan. Eso está reservado a los capitales privados.

La feligresía domesticada baja la cabeza y repite muchas veces el slogan para memorizarlo: “ningún gobierno de un estado desarrollado y moderno tiene injerencia ni participa de las actividades comerciales que se generan. Esto está reservado a los capitales privados”. Amén.

Falso. Noruega tiene un IDH muy alto, ocupa el 2° lugar a nivel planetario. El IDH es un índice elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que es utilizado para clasificar a los países en tres niveles de desarrollo humano: esperanza de vida, educación e ingreso per cápita.

El país escandinavo está ubicado entre los más ricos del mundo, en el tercer lugar según su PBI per cápita. Posee atención médica universal y un sistema de seguridad social ascendente e integral.

Sin embargo y contrariamente a lo que suele pregonarse en estas tierras gauchas, el Estado Noruego es propietario de vastos sectores considerados claves desde el punto de vista estratégico como lo son el petróleo, el gas natural, el agua dulce, los minerales, la industria maderera, la marisquería, etc.

Tomando una base per cápita Noruega es el mayor productor de petróleo y gas natural del mundo sacando a Oriente Medio, siendo el petróleo un activo estratégico que está en manos del estado a través de Equinor.

Posee uno de los índices de criminalidad más bajo del planeta. La fuerte intervención estatal en la administración y el ordenamiento de sus recursos genera muy bajos niveles de desempleo.

En el país de los fiordos la televisión abierta es totalmente pública y del estado, no estando permitida la televisión privada en canales abiertos. Del mismo modo internet, la radio y los trenes le pertenecen también al Estado Noruego.

La educación es pública y totalmente gratuita en todos sus niveles existiendo un ínfimo número de escuelas privadas. Un dato significativo, el gobierno controla más del 31% de las empresas que cotizan en bolsa con participación también en el resto.

Ejemplos como el de Noruega permanecen ocultos para los habitantes de estas pampas donde habitan gauchos y chinas dispuestos a creerse todo lo que desde el poder ultraderechoso se les diga.

Tan hábil han sido los que manejan la batuta financiera en el mundo en general y en la Argentina en particular que lograron generar trabajadores de derecha. ¡Trabajadores de derecha! ¡Qué al pedo ofrendaron sus vidas Schwab, Lingg, Fisher, Fielden, Parsons, Spies, Neebe y Engel!

Complementariamente el poder ha creado un nuevo status social al que ha dado en llamar “clase media”. A partir del surgimiento de ésta las y los trabajadores ya no se sienten en su condición de tal sino que les ha surgido la necesidad de arribar a la tan mentada y promocionada clase media.

Es más, a los profesionales que se graduaron en universidades públicas les hicieron creer que no son trabajadores y que los claustros donde se formaron los cinco Premios Nobel que dio Argentina son una especie de letrina decadente a la que habría que arancelar para que solo puedan estudiar aquellas y aquellos que tienen plata.

Cómo será el nivel propagandístico de la derecha que ha logrado que muchos pelagatos recibidos en universidades públicas hoy aboguen por un cambio arancelario.

Por estos días hay quienes dicen: “¡Esto no pasó nunca!”. Lamento desilusionarlos, esto pasó siempre. Es una constante que sin solución de continuidad se ha venido repitiendo en el tiempo en esta especie de virreinato moderno.

Juventud, divino tesoro

El poder ha conseguido que gran parte de la juventud que otrora abrevara en las caudalosas aguas del conocimiento profundo hoy desconozca nuestra propia historia y adhieran por ejemplo a la seudo teoría de los dos demonios, sin advertir la ilegitimidad en que incurre un gobierno cuando toma el poder por la fuerza.

Otro dato incontrastable; la mayoría de las y los 30 mil desaparecidos tenían entre 18 y 30 años de edad cuando fueron secuestrados, torturados, vejados y desaparecidos, la misma edad de las y los muchos que hoy niegan el terrorismo de Estado.

Casualmente, por tener exactamente los mismos sueños, ideales, frescura y rebeldía que tienen los jóvenes de nuestros días que conservan la sana aspiración de que se construya un orden social nuevo, más justo.

Estos jóvenes dicen estar cansados de la vieja política y tienen razón, pero es una pena que se hayan convertido en estandartes de lo que dicen despreciar.

Hoy han constituido una especie de cabecera de playa donde acaban de desembarcar los ejércitos del odio que representan el advenimiento de una política mesozoica, que por cierto es aún más vieja que la vieja política que los jóvenes dicen despreciar. Si esta no es la casta, ¿la casta dónde está?

La historia inexorablemente se repite. De generación en generación. Desde la Semana Trágica, cuando ante el reclamo de los trabajadores de los Talleres Vasena el ejército, la policía y grupos de ultraderecha armados militarizaron la ciudad de Buenos Aires generando una represión sin precedentes allá por enero de 1909 que dejó un saldo de cientos de muertos.    

O la Patagonia Rebelde, aquella lucha protagonizada por los trabajadores en huelga entre 1920 y 1922 que enlutó esa parte austral de nuestro país con la sangre de más de 1.000 obreros  asesinados y la reafirmación de un modelo de explotación marcado por la híper concentración de la propiedad de la tierra, algo que nos sobrevive por estos días.

O los crímenes cometidos por la Argentine Quebracho Company, La Forestal, que fueron de dos tipos: humano y ecológico. El primero lo sufrieron los hacheros y obrajeros con sus familias. La historia de La Forestal tiene cifras que nos eximen de mayores comentarios: en algunos de sus asentamientos el 80 por ciento de los fallecidos no llegaba a los 35 años de edad. El segundo estuvo signado por la tala indiscriminada del quebracho colorado hasta su extinción total.

La ausencia de políticas protectoras por parte de nuestros gobernantes permitió una y otra vez el saqueo y exterminio de las riquezas de nuestro suelo. Esta parece ser una constante de nuestra historia.

Guardo para mí una historia que suena en mi cabeza como una letanía y que se me presenta una y otra vez con el devenir del tiempo.

Cierto día Eudoro Santillán, que se quedó sin sueños cuando cerró el ramal ferroviario por decisión política de aquel gobierno que él mismo votó porque no lo iba a defraudar, pasado más de un tiempo prudencial y viendo que las promesas se esfumaban, acodado en la vieja silla del patio se preguntó en voz alta: “A esta altura de mi vida, digo yo ¿Qué debería esperar?”.

Eleonora, su compañera de vida, cansada de alboradas sin soles le dijo como al pasar: “la muerte”.

Eudoro, vencido por los días sin mañanas la contempló con ternura y en silencio. Luego bajó la cabeza y murmuró: “y si, la muerte es mejor que la nada”… Cinco siglos igual.*

* Cinco siglos igual: León Gieco/Luis Gurevich


Héctor Ponce
Secretario General
Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea de la República Argentina (ATILRA)

 

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